¿Qué voy a decir? ¡Pues que me encanta! Compré estos nuribashi con un hashioki en una pequeña tienda de Kyoto, cuando estuve allí el pasado 31 de agosto. Pedí que inscribieran mi nombre en katakana. Ya los he estrenado en casa y me cercioré de las condiciones de lavado y secado. Quiero que me duren toda la vida. Por cierto, aproveché que en casa tenía un trozo de Aironfix de terciopelo rojo para forrar el cartón que viene dentro de la funda, colocarlo dentro de ésta para darle más consistencia y además, ¡a juego con el color!







